
El primer día, alguien que te saluda.
Llegar a una escuela nueva con la mochila más grande que uno y sin conocer a nadie. A muchos niños esa sensación les dura meses. DRONI vuela a la altura de sus ojos, lo saluda con una sonrisa y lo acompaña en su día a día escolar.

Amistades que estaban por pasar.
Sofía tiene ocho años, llegó a mitad de año y en los recreos se queda sola. En una encuesta del curso aparece que le encanta dibujar animales. A Martina, de su mismo curso, también. DRONI las invita a dibujar juntas, y la profesora se entera para acompañarla ella también.
Una historia imaginada para explicar la idea.

Preguntas que se contestan jugando.
DRONI arma encuestas cortas para el curso y las analiza por su cuenta. Así ayuda a detectar a tiempo dificultades académicas o de convivencia, y le propone ideas al profesor para resolverlas.

Una ayuda activa. Nunca un reemplazo.
Un profesor tiene un curso entero y no alcanza a mirar a cada niño, y no es culpa suya. DRONI le cuenta lo que nota, a través de un servidor local que conecta lo de cada alumno con su profesor. Las decisiones las toman las personas.

Hecho para volar cerca de niños.
La seguridad física es lo primero. Las cuatro hélices van encerradas en ductos con rejilla hexagonal arriba y abajo, y el frente lleva un paragolpes de caucho. El vuelo autónomo debe tener protecciones robustas: es un requisito, no un accesorio.

Su lugar en la sala.
Cuando termina, DRONI vuelve a su base: queda flotando sobre ella y se recarga, con un aro de luz que avisa que está cargando. Un rincón fijo en la sala, a la vista de todos.

Mientras la escuela duerme, se pone al día.
Cada noche, en su base, DRONI se actualiza y se mantiene en coordinación con el servidor local. Y puede apoyarse en IALOCAL, el computador de inteligencia artificial que trabaja cerca, sin depender de la nube: lo que vive un niño en la escuela no debería andar dando vueltas por cualquier parte.









